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Cuestión de orden.


La señora que nos ayuda en las tareas de casa fue elegida por unanimidad (de mi mujer y yo). Con la legitimidad que le otorga esa unanimidad, se encarga de poner orden de manera cíclica y semana tras semana, a ese ordenado caos que a veces es nuestra madriguera.
Ejerce esa tarea con criterios propios (faltaría más) y a nosotros no nos queda más que aceptar que según su parecer mis zapatillas deben estar dentro del mueble correspondiente y no en el suelo de la terraza de la cocina.
Que el adorno de cerámica sobre el mueble del baño debe estar centrado y no en la esquina de la derecha.
Que la multitud de cables que salen de los diversos aparatos bajo el televisor deben ser limpiados también a conciencia y si se aflojan o se desconectan pues... eso mismo.
Que el salero debe ir en el mueble de la derecha arriba, las fuentes de cristal en el de la izquierda abajo.
Que lo de la pirolisis debe ser alguna enfermedad inconfesable y eso de que el horno se limpie solo es una aberración y, por tanto, hay que darle estopa con los productos de toda la vida.
No importa. Tenemos toda una semana para volver a poner todas esas cosas donde estamos acostumbrados y las tengamos más a mano.
Cuando Aznar se hizo con el Gobierno tuvo ocho años para solucionar el caos recibido y dejar la cosa medianamente saneada. Sí, ya lo sé, que si la burbuja inmobiliaria, que si el modelo productivo equivocado. ¡ Seamos realistas ¡ Lo dejó medianamente saneado y punto.
Cambia el ciclo y Zapatero. Sin comentarios. Vuelta al caos.
Nuevo cambio de ciclo y Rajoy que deberá usar su propio criterio legitimado por la mayoría parlamentaria otorgada. Pero que no se equivoque. El ciclo tarde o temprano volverá a cambiar y entonces, las zapatillas, volverán al suelo de la terraza de la cocina.





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